Derecho al aborto en América Latina
Editorial The New York Times, 6 de enero del 2006

Para una prueba de que penalizar el aborto no reduce las tasas de aborto y sólo pone en peligro las vidas de las mujeres, consideremos a América Latina. En la mayor parte de la región los abortos son un crimen, pero la tasa de éstos es mucho más elevada que en Europa Occidental o Estados Unidos. En Colombia -donde el aborto es ilegal aun si la vida de la mujer está en riesgo- se da un promedio de más de un aborto por mujer durante toda su vida fértil. En Perú, el promedio es de casi dos abortos por mujer en el curso de sus años reproductivos.

En una región donde hay poca educación sexual y los tabúes sociales impiden que las mujeres solteras busquen métodos anticonceptivos, penalizar el aborto no lo ha hecho raro, sólo peligroso. Las mujeres con recursos pueden acudir a médicos privados. El resto debe recurrir a 'carniceros' o aficionados, o lo hacen ellas mismas. Hasta 5,000 mujeres mueren cada año a
causa de abortos en América Latina y cientos de miles más son hospitalizadas.

El aborto es legal a solicitud en la región sólo en Cuba, y otros pocos países lo permiten en circunstancias extremas, principalmente cuando la vida de la mujer está en riesgo, si el feto no sobrevivirá o si el embarazo es resultado de una violación. Aun cuando los embarazos sí ameritan un aborto legal, a las mujeres les es negado porque intervienen funcionarios médicos o sacerdotes locales que se oponen a este procedimiento, los requisitos son innecesariamente exigentes o las mujeres no quieren exponerse a la vergüenza pública que implica reportar una violación.

Pero la gente en América Latina está empezando a ver el aborto como un asunto de mortalidad materna, no sólo de moralidad materna. En lugares donde se han realizado sondeos, éstos muestran que la gente latinoamericana apoya el derecho al aborto en algunas circunstancias. La despenalización, al menos en parte, está siendo seriamente discutida en Colombia, Brasil, Venezuela, Uruguay y Argentina, y quizás estará en la agenda después de la elección presidencial en julio en México.

La presión internacional está ayudando. En noviembre, la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas decidió que Perú había violado los derechos de una mujer cuando un hospital le negó el aborto a una joven de 17 años de edad que gestaba un feto severamente deformado, quien falleció pronto después del nacimiento. Las conferencias de Naciones Unidas sobre las mujeres también han obligado a los gobiernos a dar seguimiento y publicar sus avances en la expansión de los derechos de las mujeres. Esto ha alentado a los grupos de mujeres y conducido a la creación de oficinas gubernamentales sobre asuntos de las mujeres que han ayudado a impulsar el derecho al aborto.

Las latinoamericanas, que están aumentando su participación en la fuerza de trabajo y en la política, también se están pronunciando más. Sus voces serían más fuertes si no fuera por la regla de obstrucción global (ley mordaza) del gobierno de Bush, que prohíbe que un grupo que trabaja en planificación familiar y obtiene fondos estadounidenses se pronuncie respecto al aborto y aun que critique los abortos ilegales inseguros. Esto ha silenciado a grupos tan respetados e influyentes como Profamilia en Colombia. Legisladores en Washington que se oponen al aborto pueden ver a América Latina como un lugar donde la ley mordaza ha funcionado exactamente tal como esperaban. Todo el pueblo estadounidense puede mirar a
Latinoamérica para ver las muertes y los daños innecesarios a causa de abortos  inseguros.

Traducción: Laura E. Asturias (Guatemala)
Artículo original:
Abortion Rights in Latin America
Editorial - The New York Times, January 6, 2006
www.nytimes.com/2006/01/06/opinion/06fri3.html


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